HISTORIAS Y CUENTOS
 
LIBRO DE VISITAS
 

LA VERDADERA HISTORIA DE
CARLOS CORPUS CRISTY Ó
MANIPULADOR

Carlos Corpus Cristy nació en Southampton Nueva Inglaterra en 1880. Hijo de padres separados por la guerra.

Tuvo una infancia feliz viviendo con su abuela, una antigua prostituta de los muelles.

Criado entre rameras y marineros se aficionó a la magia gracias a un viejo oficial de la Royal Navy, Lord Hamping Chen, que le hacia manipular sus bolas durante horas cuando visitaba a su abuela.

Fueron estas antiguas y marfiladas bolas de billar que Lord Hamping Chen había encontrado en la bodega de un viejo carguero de su majestad la reina Victoria, las que convirtieron sus dedos en los más veloces del Reino Unido.

Los comentarios de sus sucesivas novias dieron fe de tal proeza.

Pero la verdad de la historia que nos interesa no es la típica de cualquier iniciado en magia o manipulación, sino los problemas que ésta le causó.

Corría el año 1920 cuando luego de una gira triunfal por toda Europa notó que sus manos se le estaban haciendo más pequeñas. Esto le llama un poco la atención pero no le dio demasiada importancia, pensó, -" Debo estar muy cansado"-.

Lo curioso fue cuando por la mañana al colocarse los guantes para protegerse del duro frío invernal, parecían ser dos tallas superiores a las que él usaba.

Ese mismo día fue a visitar a su médico, de la Mutual de Prestidigitadores, Encantadores de Serpientes y Afines para contarle su caso. Tuvo que esperar tres cuartos de hora, los cuales se le hicieron tres siglos.

Cuando el doctor Shutle Pass lo hizo pasar, un frío tremendo recorrió su espalda, hacia años que no iba al médico.

- Desvístase -, le ordenó el Dr. Shutle.

- Perdone Doctor pero mi problema está en las manos, tengo las manos pequeñas -.

- Ja -, rió el doctor. - Eso lo dicen todos los magos, je, je, pero mírelo a Max Malini -.

- No doctor lo mío es más serio, a mi se me están achicando, pronto no podré manipular ni canicas -.

- Veamos esas manos, desde cuando tiene esos síntomas -. - Desde ayer por la noche -.

- Esto habrá que controlarlo -, dijo el Doctor extrañado. - Es la primera vez que me encuentro con un caso parecido -.

- A partir de mañana se va a medir las manos todos los días, tomará este tranquilizante cada ocho horas y vendrá a visitarme la semana que viene para ver como evoluciona -.

Carlos Corpus Cristy no pudo ensayar su número como acostumbraba todos los días.

Los nervios y el miedo hacían que las bolas rodaran constantemente por el suelo. El vecino de abajo subía a cada rato para quejarse de los ruidos molestos.

Corpus Cristy pasó la noche con fiebre y pesadillas, por la mañana, se levantó a orinar medio dormido aún y notó que le costaba trabajo desabrochar los botones de la bragueta de su pijama.

Sus gritos de espanto se escucharon en toda Nueva Inglaterra.

La imagen obscena de su miembro cogido por manos como las de un niño de dos años lo horrorizaron hasta hacerle perder el sentido.

Dos días después despertó en el hospital de Southampton, la criada lo había encontrado por la mañana cuando comenzaba la limpieza.

- ¿Adónde estoy? -. Preguntó.

- Descanse Mr. Corpus Cristy, el doctor se encargará de todo -.

Corpus Cristy miró sus manos y las vio normales, una vibración de alegría le corrió por todo el cuerpo, volvía a ser el de antes.

Pero, la alegría le duró poco, todo su cuerpo había empequeñecido, solo medía 30 centímetros, un grito desgarrador retumbó en todo el hospital.

Dicen las crónicas de la época que Carlos Corpus Cristy abandonó el hospital tres meses después sin ninguna mejoría, y que nunca más volvió a pisar un escenario, pero las crónicas se equivocaban, luego de muchos meses de sufrimiento Carlos Corpus Cristy volvió a estar delante de las candilejas.

El cuerpo de latón de uno de los autómatas de un antiguo relojero ahora convertido en mago sirvió para ese fin.

Ahí se pierde la pista de Corpus Cristy.

Hasta que en el año 1965 Pablo Neruda compró un pequeño autómata deteriorado que hacia el juego de los cubiletes sobre una mesilla, en un rastrillo de Polonia.

Esta pieza compartiría un lugar importante entre su colección de juguetes mapas y mascarones de proa de la isla Negra.

Y es en esa isla donde Pablo Neruda intentando reparar este juguete encontró un pequeño esqueleto dentro de la figura del autómata.

Este autómata se encuentra actualmente en la Fundación Pablo Neruda, del esqueleto sabemos que está enterrado en algún lugar olvidado de la Isla Negra.

En nuestras Américas hay hallazgos; en islas deshabitadas o selvas irascibles, bajo la tierra, de pronto se encuentran estatuas de oro, pinturas sobre la piedra, collares de turquesa, cabezas inmensas, vestigios de innumerables seres desconocidos a quienes hay que descubrir y nombrar para que respondan desde su silencio secular

Pablo Neruda

 

GUSTAVO OTERO
guso@grn.es

MAURICE LA PIETRA
M E N T A L I S T A ã
DEDICADO IN MEMORIAN A ARTURO DE ASCANIO  

Maurice La Pietra de profesión mentalista nació en Touluse Francia, sus amigos le llamaban Ricard, no se sabe muy bien porque, quizás fuera por su afición al licor del mismo nombre, o a su manía por las señoritas de gordos senos. Ustedes se preguntarán, que tiene que ver con esto el nombre Ricard pues también yo me lo pregunto.

Pero el problema de Maurice o Ricard como prefieran, aparte del precio del alquiler que pagaba a su casero por una boardilla en Monpasant era el de predecir su futuro diariamente.

Muchos de ustedes pensaran que este era un gran beneficio para Ricard, (yo prefiero llamarlo así), pero no lo es tanto señores, pues solo podía predecir el futuro con solo dos minutos y cuarenta segundos de anterioridad a que pasaran los hechos, y lo que es peor, sin poder cambiar el destino.

Predecía que se iba a cortar con la navaja mientras se afeitaba y sufría durante dos minutos cuarenta hasta que se cortaba, eran los dos minutos cuarenta más largos del mundo.

A veces el hecho falta de no tenia importancia como cuando se le quemaba la salsa Bessamel, pero cuando veía a un niño andando a punto de ser arrollado por un carro de heno de dos toneladas, la cosa se ponía muy dura.

Ricard tenia la profesión de mentalista, variedad conocida de espectáculo de teatro, pero lo curioso es que no utilizaba su poder en sus actuaciones, se jactaba, al revés de muchos colegas de no tener poderes, y como sus colegas, el también mentía.

Se las ingeniaba para conocer una carta que daba a elegir, con los métodos de los prestidigitadores, vendas que permiten la visión, manipulaciones varias, y trucos mil, trabajo inútil que se tomaba alguien que en dos minutos cuarenta conocería cualquier carta u objeto sin ningún esfuerzo, solo con el poder de su mente.

Pero él era un mentalista ético, solo hacia trampas, ni siquiera quería usar aparatos trucados, renunciaba a las cartas marcadas, y ni que decir de los compinches.

Su número favorito, la bala atrapada entre los dientes, le había dado cierta notoriedad entre el público parisién.

Era un artista de una profesión que amaba y que tantos chapuceros utilizaban para engañar a la pobre gente con problemas.

Solo una vez utilizó de sus poderes en un acto de magia, fue en una actuación en el Hall Egipcio, su ultima actuación, la que le dio fama mundial.

Pero no vamos a precipitarnos con la historia.

Ricard comenzó aquella función adivinando los nombres de varias señoritas asistentes a medida que entraban a la sala, siguió con una adivinación de distintos objetos del público que fue muy celebrado por el mismo, luego pasó a mover objetos con la mente, rompió copas con solo acercar sus manos e hizo levitar cartas, congeló líquidos con la mirada y fundió metales con su aliento.

El intermedio sirvió para que ante la sorpresa del publico presente acudiera a la sala, el Duque de Edimburgo en París.

Un París que estaba convulsionado por la protesta de los agricultores franceses por el aumento de las tasas al centeno.

Los Duques eran muy queridos en Francia y habían prometido solucionar el problema tributario. Pero esa noche el Duque estaba ante su afición favorita, los juegos de manos.

Al enterarse Ricard en su camerino de la presencia de semejante personalidad, no pudo dejar de pensar en los próximos dos minutos cuarenta, pero se veía a si mismo en el escenario saludando al publico y pidiendo un aplauso en honor de sus excelencias, lo que lo tranquilizó bastante.

Todo fue saliendo como lo predecía, siguió con otros juegos que preparaban el ambiente para el efecto final.

Sus ayudantes trajeron las pistolas con las que realizaría su ultima ilusión, Ricard mismo dio a examinar el arma al Duque de Edimburgo que comprobó con agrado la calidad de las pistolas, dos armas de duelo de "avant carga" del siglo XVII con cachas de marfil, el Duque cargo el arma tarea que realizó con habilidad pues era también aficionado a la caza y entrego la misma al ilusionista.

En el momento de tomarlas por la cabeza de Ricard pasaron los próximos e inexorables dos minutos cuarenta.

Inexorables, si nada podía cambiarse, lo veía muy claro, del patio de butacas se ponía de pie un joven de cabello negro que de entre sus ropas sacaba una pistola y disparaba a la cabeza del Duque de Edimburgo, que estallaba ante la mirada atónita del público presente y de si mismo.

Ricard miró hacia la butaca del joven que miraba al duque sin que nadie esperara lo que en segundos iba a suceder.

Nadie se dio cuenta que el joven de cabellos renegridos sacaba una pistola y apuntaba a la cabeza del Duque, todos miraban a Ricard, cuestiones de misdirection.

Un fogonazo y un estampido posterior dejaron atónitos a todos los presentes, menos a Ricard que se lanzó hacia la bala a la que atrapo con la boca.

La bala destrozó sus dientes, su cerebro y salió por el occipital clavándose en una cornisa del palco.

Esta fue la ultima actuación de Maurice La Pietra, para nosotros Ricard, que fue conocido por atrapar balas con la boca y nunca por sus poderes adivinatorios verdaderos.

Cuenta la historia que las tasas del centeno no subieron, que el joven de cabellos renegridos llamado Joseph Stalin seria mas tarde muy conocido y que de Ricard queda la anécdota y una copla popular que dice:

Era mago y mentalista,
un pequeño gnomo,
conocido por artista
y por cenar plomo.
 
GUSTAVO OTERO
guso@grn.es
 

CAFE

Un café, el café Gijon quizás, olor a café, como en todos los cafés.

Afuera es invierno, quizás..., un café en Praga.

Kafka en un rincón corrigiendo un cuento, afuera nieva, la puerta se abre, una muchacha alegre de Touluse mira al que entra, en el café hay bohemios, pobres, mujeres de vida alegre y escritores, ahora también un mago.

El mago se saca su abrigo negro, lo cuelga en un asta de ciervo, al mago lo espera un sillón de terciopelo algo raído pero reconfortante, se sienta.

Un camarero lo mira, esta acostumbrado a que los pobres se refugien del frío, el también es pobre, se acerca al mago y le lleva un café muy caliente, el mago coge el vaso y lo aprieta entre sus manos, por su pelo negro ensortijado cae una gota de la nieve ya derretida, el mago mira al camarero y no tiene que hacer ningún gesto para que este entienda de su agradecimiento.

La chica de vida fácil sigue mirando al mago, este saca una moneda del bolsillo, caracolea sobre sus dedos, desaparece, aparece, cambia de color traspasa la mesa y aparece en el escote de ella, se sorprende, llama al camarero pide un café con cognac, paga con la moneda y revive.

Kafka mira la escena, toma una hoja y comienza otra historia, el mago termina su café, se levanta se coloca su abrigo y se dirige a la puerta. Desde el fondo Kafka mira al mago que devuelve su mirada. Kafka mete la mano en el bolsillo saca su ultima moneda y se la arroja al mago, este la toma entre sus dedos, la hace caracolear y desaparece.

El mago sale del café, el frío le golpea en la cara entrecierra los ojos y se pierde por las calles de Praga... o de Madrid. Dedicado a Gea GUSTAVO OTERO guso@grn.es

ALGO MAS QUE UN MAGO  

Muchas veces he sentido en mi interior la sensación de haber vivido otras vidas.

Quizás otras personas tengan la seguridad de haberlo hecho, pero yo tengo algo mas, tengo los conocimientos adquiridos a través de milenios por mis otras vidas.

Estos recuerdos a veces me alejan de mis contemporáneos, pues ellos no comprenden que la magia sea algo más que hacer juegos de manos.

La magia es algo más, una manera de vivir, de amar, de comunicarse, de volver a sentir los misterios de la caverna.

Por eso puedo decir que he vivido en el antiguo Egipto. Encarnando a Anubis, impartiendo una magia verdadera, muchos han seguido mis enseñanzas, desde los esclavos a los Faraones.

También, en la corte del Rey Arturo brille como su consejero y protector buscando la piedra filosofal.

Muchas historias encarné, desde el ultimo juglar al primero de los magos.

Dentro de Pinetti, actúe en los mejores palacios deslumbrando con mis efectos a Reinas y Marqueses.

Construí autómatas con mis manos, en las manos de Robert Houdin y recorrí el mundo en su carromato.

Todavía hoy recuerdo como me divertía encadenado en el cuerpo de aquel joven polaco, para convertirlo en lo que fue el gran Houdini.

Y hoy aquí, año 1955 en Buenos Aires camino por la Avenida de Mayo rumbo a mi estudio de la calle Libertad, todo esta convulsionado humo por doquier, la gente corre asustada se escuchan explosiones y gritos de dolor.

La Revolución Libertadora ha derribado al gobierno de Perón, y ha bombardeado la plaza de Mayo.

Yo camino tranquilo, nada puede pasarme, el dolor de la gente ante mi sola presencia desaparece.

Un policía se me acerca. – Documentos por favor y rapidito que el horno no esta para bollos -.

Mi mano se dirige hacia la cartera, la saco, una inmensa llamarada sale de su interior, el policía retrocede asustado y levanta su porra para golpearme, la misma se convierte en un ramo de flores hechas con plumas de colores, sus ojos se salen de las órbitas.

Saco de mi cartera una carta, el as de corazones, la lanzo al aire, ella describe unos círculos y vuelve a mi mano, se la doy, en ella se lee mi nombre David Bamberg.

 

GUSTAVO OTERO
guso@grn.es

 
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EL SOMBRERO AZUL

Un hombre caminaba por un prado amarillo. Un niño se le acerco, el hombre lo miro sorprendido, el niño se parecía a su padre de pequeño.

El niño le pregunto al hombre ¿Qué es la magia?. Al tiempo que se sacaba su sombrero azul. Su pelo algo mojado por el sudor distrajo al hombre.

El niño repitió la pregunta, el hombre miro al niño a los ojos y le dijo, - No lo sé padre -.

El niño se dio media vuelta y se fue.

  GUSTAVO OTERO guso@grn.es

 
 
 
 
MAGIA LING-FU, MAGIA EN ARTE DE MAGIA 
SANTIAGO - CHILE